jueves, 22 de mayo de 2008

REALIZAR Y REALIZARNOS


En la vida adulta, el trabajo ocupa la mayor parte del tiempo del día y en muchos casos tenemos un trabajo o una actividad al que dedicamos casi toda nuestra vida.



Pero no solamente ocupa mucho tiempo el trabajo que hacemos, sino que termina formando parte de nuestra identidad. "Soy maestro, soy médico, soy jardinero, soy policía, soy empresario, soy artesano".


De qué voy a trabajar, qué es lo que voy a hacer, va a implicar qué es lo que voy a ser.


Esto pasa porque lo que hacemos, nuestra obra, es en parte nosotros y nosotros somos en parte nuestra obra. Como le pasa al pintor, el cuadro es en parte él y él es en parte el cuadro, lo mismo pasa con todos los trabajos aunque no haya un producto tan claro como un cuadro.


Por eso es muchas veces muy difícil saber a qué nos vamos a dedicar, qué vamos a estudiar después del colegio, porque es una elección que muchas veces tiene que ver con lo que vamos a hacer y con lo que vamos a ser.


Independientemente de la elección que cada uno tome, hay algunos puntos importantes para tener en cuenta a la hora de realizar y realizarnos trabajando.


1- Siempre se puede cambiar de trabajo en cualquier momento de la vida si uno siente que no está satisfecho con lo que está haciendo.

El médico puede volverse escritor, el maestro empresario, el policía puede hacer decoración de tortas y el almacenero poner un bar en una playa. Seguramente hay alguna actividad que no conocemos o que no nos animamos a realizar, que nos va a hacer más felices, donde nos vamos a encontrar más a nosotros.

2- Está bueno crear espacios propios si uno cree que no se siente cómodo en ninguno de los disponibles.

El trabajo es siempre modificación de lo que existe, está en su naturaleza misma el inventar, el abrir nuevos espacios y realizar actividades distintas. Si sentimos que no encontramos el espacio donde hacer lo que queremos, ¿por qué no crearlo? ¡Llevará mucho trabajo!

3- Es muy importante preguntarse periódicamente si uno cree en lo que hace.

Detener, aunque sea un momento, la rutina casi mecánica de la mayoría de los trabajos y preguntarse si estamos dispuestos a afirmar y defender lo que estamos haciendo y sus consecuencias. El político, debería hacerlo, el fabricante de armas debería hacerlo, el vendedor debería hacerlo, el juez debería hacerlo, el profesor debería hacerlo.


¿Es esto lo que yo quiero ser? ¿A quién afecta lo que hago?


¿Soy capaz de defender el producto de mi obra?